Pensé que esta vez veríamos arboles parlanchines, pero ese viejo pueblo está bastante peor de lo que pude imaginar. Los edificios del lugar están totalmente cubierto por vegetación, y ya solo quedan dos residentes: La tabernera del lugar, Marla, y el anciano alcalde. Por el terreno, merodean lo que parecen ser semillas envueltas por unas enredaderas rojas. Gracias a un libro muy viejo que encontramos en la biblioteca del alcalde, descubrimos que se trata de las supuestamente extintas “zarzas sangrientas” (más sobre ellas en el Registro).
En el centro del lugar, había un árbol gigantesco (que terminó saliendo de la tierra y lastimando a Sylphena). Notamos que sus raíces se extendían varios metros en cuatro direcciones distintas. Al final de cada rastro, hay un núcleo de raíces enredadas sobres mismas, envuelto por esas zarzas escarlatas y resguardado por el mismo tipo de semillas andantes.
Lo más preocupante del caso, es que todo está envuelto por esas extrañas zarzas sangrientas, que parecen apoderarse de la conciencia de las cosas que envuelven. Unas anotaciones importantes para todos lo que decidan aventurarse al lugar:
- Por ningún motivo, corten las zarzas o viertan sangre sobre las mismas. No pasan cosas buenas.
- Las semillas andantes son semillas, procuren quitarles la cascara primero para poder aplastarlas. Tengan cuidado si deciden pelear, porque cada semillas destruida, genera dos nuevas.
- La causa de esta situación no son solo las zarzas, parece haber otro ente orquestando desde las sombras.
ATENCIÓN: Zona de alto peligro. Evite a toda costa acercarse sin preparación previa.
Al adentramos en la niebla encontramos una ciudad amurallada, llena de cadáveres portando un emblema de un sol con centro escarlata (si algún aventurero cree reconocerlo y quiere verlo, pregunte por Jim en el casino El Último Trago). Los cuerpos parecían haber fallecido por inanición, pero encontramos varios sobrevivientes que parecían afectados por algún tipo de magia.
Además de los cadáveres, nos encontramos con un ser que reconocimos como Krampus (más sobre la criatura en el Registro), quien parecía ser acompañado por una bandada gigante de cuervos albinos.
En la ciudad hay un campanario que parece estar vinculado de alguna forma con la oscuridad que se extiende en el territorio. Durante nuestra huida, cortamos la cuerda que sostenía la campana y notamos que ello ralentizó el avance de la oscuridad. De esta última, vimos como salían equinos esqueleticos y calaveras envueltas en fuego.
Para salvar nuestras vidas, corrimos durante varias horas, ya que no había forma de enfrentar a tan terribles criaturas. Las mismas y la propia oscuridad parecen ser afectadas por la luz solar, ya que, al amanecer se retiraron, permitiéndonos volver vivos al pueblo.