Morwen nació en la casa de los Eryndor, una familia de élficos nobles que se distinguían por su devoción hacia la luna y la noche. Este linaje, sin embargo, no solo estaba marcado por el honor, sino también por la carga de una magia ancestral: la magia de las sombras, un poder que le otorgaba la capacidad de invocar la penumbra y manipular la muerte en su forma más sutil.
A pesar de que su familia consideraba este poder un don, Morwen lo percibía como una maldición peligrosa.
Desesperada por liberarse de su magia, Morwen huyó y su peregrinaje la llevó a la Encrucijada de las Sombras, un antiguo santuario donde los velos entre los planos eran muy finos. Allí, tuvo una profunda visión: una figura en la penumbra le dijo que solo al entender la oscuridad podría encontrar su destino.
Para obtener el conocimiento y el poder que necesitaba, los espíritus de la sombra le ofrecieron una misión: explorar un nuevo continente, donde los antiguos poderes que regían las sombras se habían vuelto a despertar.
Consciente de que su destino estaba ligado a las sombras y al poder del nuevo continente, Morwen se embarcó en la expedición, no solo para explorar un nuevo continente, sino para descubrir los oscuros secretos que allí se escondían y, quizás, entender por fin el verdadero propósito de su magia.