Zorn pasó toda su vida entrenando en el Templo de Jade bajo la tutela del Maestro Po. Al alcanzar la mayoría de edad, abandonó el templo para comenzar su peregrinaje y conocer un mundo que hasta entonces solo había imaginado. Es cordial, amistoso y siempre busca hacer el bien a su manera, ayudando a quienes lo necesiten siempre que no tengan malas intenciones. Sin embargo, Sorn tiene un pequeño defecto: habla demasiado. Su lengua suele adelantarse a sus puños y, aunque rara vez tiene malas intenciones, su afición por decir lo que piensa puede meterlo en más de un problema. Ahora recorre el mundo para aprender de sus gentes y experiencias, descubrir qué significa realmente ayudar a los demás y, con el tiempo, aprender a preservar la vida cuando sea posible y aceptar la muerte con compasión cuando no lo sea.