Trasfondo: Bufón Empedernido
Eres un maestro de la comedia, la sátira y el absurdo. Ya sea vistiendo ropajes multicolores en la lujosa corte de un rey, haciendo malabares en las tabernas locales o usando máscaras teatrales en festivales, tu vida gira en torno a provocar emociones en los demás. Detrás de tus chistes, acrobacias y comentarios mordaces, posees un ingenio agudo y una capacidad única para leer a las personas. Para ti, el mundo es un gran escenario donde los reyes pueden ser ridiculizados y los mendigos pueden reír como nobles; un lugar donde el humor es tu mejor escudo y, a veces, tu arma más peligrosa.
Historia
En el opulento Reino de Oakhaven, ningún hombre era más cercano al trono que Khain Van-Heil. Durante cinco años, Khain vistió el jubón bicolor y los cascabeles dorados como el bufón oficial del Rey Alistair. Su trabajo no era solo hacer reír; era el único en todo el castillo que tenía el permiso—y el valor—de decirle la verdad al monarca a través de acertijos, sátiras y canciones afiladas como dagas. El rey lo apreciaba por ello.
Pero el humor es un juego de cuerda floja, y la cuerda siempre termina por romperse.
Una noche de invierno, durante un gran banquete con embajadores extranjeros, el codicioso Duque de Westford presentó un tratado de paz que, en secreto, condenaba a los pueblos fronterizos a la hambruna. Nadie se atrevía a contradecir al duque. Khain, viendo la injusticia y armado solo con su laúd, saltó sobre la mesa real. Improvisó una balada tan brillantemente mordaz que desnudó la codicia del duque ante toda la corte. Las risas estallaron en el salón. El tratado fue rechazado.
El duque, humillado y sediento de venganza, conspiró esa misma noche. Plantó joyas de la reina en los aposentos de Khain y lo acusó de alta traición. El rey Alistair, atrapado entre la presión política y el afecto por su bufón, no pudo ejecutarlo, pero se vio obligado a firmar su sentencia: El Exilio.
Le confiscaron sus bienes y fue arrojado a las puertas del reino con poco más que su laúd viejo, sus ropas raídas y una sonrisa amarga pintada en el rostro.