Nacido en las profundidades del Shadowfell, este Shadar-ka pasó gran parte de su vida sirviendo a causas que hace tiempo dejó de recordar. La oscuridad le arrebató nombres, amigos y recuerdos, pero nunca consiguió quitarle su instinto de supervivencia.
Con los años se convirtió en un mercenario y explorador de lugares donde nadie más se atrevía a entrar. Su armadura conserva las cicatrices de incontables enfrentamientos; su pistola, un arma extraña incluso para su mundo, fue tomada de las manos de un enemigo que juró que la tecnología podía vencer a la magia. La daga que porta en la otra mano, en cambio, es el último recuerdo de alguien a quien no pudo salvar.
Durante una misión aparentemente sencilla, persiguió a una criatura a través de una antigua grieta entre planos. Al atravesarla, la realidad se quebró a su alrededor. Por un instante dejó de existir la oscuridad, el tiempo y el propio Shadowfell.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en Nexus.